A finales del siglo XIX se constituyó en el noroeste de China la sociedad política secreta ‘Puños de justicia y Concordia’ que buscaba la expulsión de los extranjeros. Sus miembros ‘Los Boxers chinos’ se adiestraron en las artes marciales y fueron convencidos que eran invulnerables a las balas. Pocas cosas son más poderosas y peligrosas que varios cerebros lavados al mismo tiempo, y organizados. Fue un fenómeno parecido al de los mexicanos que exigían la expulsión de los españoles con el pretexto de que conspiraban para que España reconquistara lo perdido con la independencia mexicana.
Regresando a los Boxers, ellos no sabían muy bien por qué motivo, pero luchaban contra los misioneros y chinos convertidos al cristianismo, pues esta religión iba creciendo rápidamente en ese enorme país asiático.
Como la emperatriz Tze Hsi los apoyaba discretamente, varios gobernadores de las provincias chinas apoyaban a Los Boxers y así fue creciendo esta secta hasta que hubo un enfrentamiento con saldo de 231 europeos asesinados y miles de chinos cristianos.
Los Boxers entraron a Pekín en mayo de 1900, lo que provocó que llegaran 2 mil 100 soldados occidentales a proteger la línea del ferrocarril que unía a la Capital con la ciudad de Tianjin. Pero al nombrarse como ministro de Asuntos Exteriores a un príncipe xenófobo, se evidenció que el Gobierno chino estaba detrás de la revuelta y eso cambió todo.
Porque con ese acto de ‘fuera máscaras’ los Boxers instaron abiertamente a los extranjeros a que se fueran de Pekín, so pena de muerte. Los extranjeros se refugiaron en la zona diplomática y reunieron un grupo de 500 hombres para defenderlos, de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Japón, Rusia, Alemania e Italia. Y en ese ambiente tenso, el 20 de junio de 1901 fue asesinado el embajador alemán y de inmediato, por si fuera poco el desastre ocasionado, la emperatriz declaró la guerra a las potencias ocupantes. Y como era de esperarse, una fuerza internacional ocupó la Ciudad y la emperatriz tuvo que huir, mientras que la Coalición internacional iniciaba una terrible represión que castigó a Boxers y no boxers. Este problema bélico culminó con la firma de un Protocolo en 1901 entre China y las potencias extranjeras. En él se acordó una indemnización de 333 millones de dólares –que en esos tiempos era una fortuna enorme- y se quedó un ejército europeo en Pekín, aumentando la sumisión de China frente el grupo de países europeos.
Los resultados inmediatos fueron que Rusia expandió su influencia en Manchuria generando la Guerra ruso-japonesa de 1904, que ganó Japón, misma que hizo crecer la pérdida de confianza popular y molestia en contra de la dinastía Qing, provocando la Revolución china y la desaparición de la era imperial china. Ciertamente los chinos perdieron todo en este movimiento, sin embargo, su resentimiento acumulado y su vocación de trabajo les llevó durante el siglo XX a fortalecerse y actualmente China es una de las tres grandes potencias económicas mundiales
