El tiempo no hace amigos
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“El tiempo no hace amigos”, esta sencilla frase me llega de la canción “Inmortal” de la agrupación española La Oreja de Van Gogh, y sí, es también el preludio de un hecho ineludible como es el pasar de los años. Ese período que transcurre en este camino prestado al que llamaremos vida y que, desde que suena el pito inicial, no se detiene hasta el último soplo del corazón.
¿Por qué no hace amigos? Más allá del personaje bíblico de Matusalén, que vivió por más de nueve siglos, es imperecedero el conocimiento de que nuestros días en la Tierra tienen una fecha de caducidad; un hecho que solo el creador del mundo lleva en sus anotaciones y que dudo que alguno de nosotros quiera tener presente cuál será el día de ese futuro que nos deje en el pasado.
Pero “el tiempo no hace amigos” no es tan literal como esa frase; es solo un recordatorio de que, al pasar de los años, vamos coleccionando historias, hechos, momentos, recuerdos, amores, experiencias y tristezas, en un camino que se va haciendo cada vez más largo y complejo, en el que vamos agregando personas que nos liberan esa carga del trayecto y nos hacen ignorar los baches que se presentan en el andar. Es ahí donde todo hace sentido y se encuentra el valor de lo que realmente es la vida.
Cuando las hojas blancas empiecen a caer en nuestra cabellera y los recuerdos de unos años que se ven muy lejanos nos invadan; cuando el disco duro que llamamos cerebro empiece a borrar espacio en la memoria a corto plazo y nos deje solo esos eventos del pasado; cuando no podamos depender de nosotros mismos y nuestro cuerpo nos pida que descanse porque ya no puede más, entonces, ahí, en un breve rayo de luz que llega esporádicamente, podremos exclamar: ¡te lo dije, el tiempo no hace amigos!
De lo que sí podemos tener control es de lo que dejamos en los demás: el trato, la bondad, la empatía, ser mejores personas, ayudar al prójimo, no molestar al otro, respetar a los demás, convivir en armonía. Son hechos que podemos trabajar y un legado de que nuestro paso por esta tierra dejó una huella en algunos de los que, de una u otra manera, logramos alcanzar con nuestro accionar.
No es difícil, tampoco imposible; no es ilógico, solo es actuar con lógica; no es perfecto, nadie quiere ser perfecto; no es mentira ni una verdad absoluta; no es un capricho, quizás una necesidad; no es utopía, sí una realidad; no es un pretexto, es una acción; no es un juego, simplemente un hecho; no es solo el yin, es el yang.
Si has llegado hasta aquí, solo trato de decirte que aproveches tu estadía. Trata de que no solo sea una huella en la arena: inmortaliza tu pisada. No tienes que hacer grandes cosas; lo que debes hacer es que esas cosas se vean grandes. Piensa en cómo te gustaría que los demás te traten, sé recíproco y devuelve al doble ese trato. Con una sola persona en la que puedas influir (olvida el concepto de influencer que las redes te han vendido), podrás irte con el placer de haber cumplido con el bien y que el recuerdo de tu paso por este plano sea eterno.
