La Moral y Cívica es esencialmente hogareña

Publicado por: https://listindiario.com

Erróneamente se cree que la Moral y Cívica es una responsabilidad esencialmente escolar. Pero resulta que esa asignatura, cuando formó parte por décadas del currículo educativo, rindió sus frutos porque siempre estuvo acompañada de una acrisolada formación hogareña.

En los centros educativos, simplemente se refuerzan todas las enseñanzas morales y cívicas que nos inculcan nuestros padres en casa.

Al estar actualmente fuera de las aulas como discente, aunque si continúo en el rol de profesor, pondré ejemplos de dos vivencias, una de mi niñez y otra reciente, sobre la incidencia de padres, madres y tutores en el comportamiento de un ser humano, dentro y fuera de los centros educativos, sin importar la edad.

Con apenas 10 años, tenía la encomienda de bajar la Bandera Nacional en un colegio que fundó mi padre en el barrio Villas Agrícolas de la capital, como regularmente veo a hacerlo al vigilante Eusebio Rodríguez al caer cada tarde en la sede del Listín Diario. ¡Atención!, exclama Eusebio, y luego ¡Posición anterior!

Un día había tenido una de esas diferencias de muchachos con un compañero de clases. Y él aprovechó que bajaba nuestra preciosa enseña tricolor para darme lo que en ese tiempo llamábamos un “cocotazo”. No niego que tuve la intención de soltar la Bandera que casi tocaba mis manos para correr tras de él a responder la agresión. Pero me detuvo una advertencia de mi padre cuando me asignó esa honrosa tarea: “Nunca permitas que la Bandera toque el suelo”. Aguanté el golpe con resignación para evitar deshonrar nuestro símbolo patrio.

Porque fue en el hogar y no en la escuela, donde también me enseñaron a guardar el debido respeto cuando se interpretaban las notas gloriosas del Himno Nacional dominicano, esa hermosa composición con letra de Emilio Prud’Homme y música del maestro José Reyes.

Ese incidente con el compañero de clases y la Bandera Nacional ocurrió un jueves. Él no fue a clases el viernes y pensó que con el fin de semana era suficiente para el olvido. Pero el lunes siguiente, ya sin nuestra enseña tricolor de por medio, le di un “cocotazo” tres veces más fuerte, por aprovecharse de un momento tan solemne para golpearme. Claro, cuando mi padre se enteró fui castigado. Una norma violentada: No podíamos pelear en el colegio, era un lugar sagrado y, además, mi padre siempre reprobó la venganza.

La otra vivencia fue hace dos semanas cuando me desplazaba raudo cerca de la casa materna, también en Villas Agrícolas, a una diligencia con el tiempo encima. Estaba a punto de cruzar la avenida Nicolás de Ovando, cuando un niño de unos ocho años se paró a mi lado y me pidió sin ocultar su ansiedad: “Señor, ayúdeme a cruzar”.

Eso implicaba perder unos minutos vitales en mi afán de llegar a tiempo, pero dejar ese niño a su suerte hubiese significado violar otra enseñanza hogareña: Solidaridad en las vías públicas con personas que tienen limitaciones físicas o vulnerables.

Pasé más tiempo asistiendo al niño porque la mayoría de los conductores de vehículos han perdido la cortesía de detenerse para ceder el paso a menores de edad, ancianos, embarazadas y personas con limitaciones físico-motoras que hacen malabares en las vías públicas para cruzarlas.

Y si por casualidad algún conductor cortés se detiene, todavía hay que cuidarse de los motociclistas que, a pesar de ver esa acción, aprovechan cualquier hueco para colarse sin importarles que puedan embestir al peatón.

Listín Diario realiza un vistoso acto en febrero de cada año, en honor a los símbolos patrios.

Listín Diario realiza un vistoso acto en febrero de cada año, en honor a los símbolos patrios.ARCHIVO/LD

 

Traigo a colación esas dos vivencias a propósito de la clase de Moral, Cívica y Ética Ciudadana que impartió el presidente Luis Abinader la semana pasada a estudiantes de quinto grado del liceo Germán Martínez Tavárez, ubicado en el sector Los Ríos de la capital. Allí el mandatario también anunció que la primera dama Raquel Arbaje, la vicepresidenta Raquel Peña y otros funcionarios del gobierno harán lo mismo.

Un detalle importante de las enseñanzas de moral y cívica que recibíamos en el hogar, era que nuestros padres predicaban con el ejemplo. No se exigía nada que papá y mamá no estaban también dispuestos a cumplir.

Ignoro si los funcionarios que practicarán el “ya empezó su trabajo la escuela” con más clasecitas de Moral, Cívica y Ética Ciudadana son los mismos que elogian la calidad de la enseñanza pública, pero tienen a sus hijos inscritos en costosísimos colegios privados, algunos bilingües.

O si serán quienes destacan la calidad de la atención en hospitales públicos, pero ellos y sus familiares acuden a las más prestigiosas clínicas del país o del exterior, cuando requieren asistencia médica especializada.

Quizás son los mismos funcionarios que elogian el potencial curador de los fármacos genéricos que se ofertan en las Farmacias del Pueblo, sin embargo, adquieren únicamente medicamentos de renombradas firmas farmacéuticas.

Tal vez funcionarios que no tienen el más mínimo respeto por el erario, sin importar que sean fondos destinados a áreas vitales.

Si se mantiene la decisión de que funcionarios del gobierno acudan a las escuelas y liceos públicos a impartir esas clasecitas de la asignatura, excomulgada del currículo educativo y ahora rescatada, hay que recordarles primero que la reflexión sobre la moral y el civismo que recibimos en el hogar y se refuerza en las aulas, es la que nos impulsa después a ser éticos.

No me opongo a la idea de seguir adelante con esas clasecitas. Al contrario, me parece genial que los funcionarios públicos hablen de moral, civismo y ética a los estudiantes.

Con la mayoría de los funcionarios sería la mejor manera de convertir las escuelas y liceos públicos en confesionarios, donde mediante una clasecita de ese jaez, cuenten todos sus pecados.

Eso sí, a los estudiantes que vayan pensando en la cantidad de padrenuestros y avemarías que les asignarán rezar a esos funcionarios para perdonarles tantas faltas de moral, civismo y ética.

Y a los alumnos que también no olviden, aunque sea de manera simbólica, despedir a esos funcionarios con sus respectivos “cocotazos”.

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